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viernes, 16 de octubre de 2009

Un regalo diferente


La Anto estaba en cama, por un resfrío seguramente.
Yo estaba con ella en la casa, aunque era un día de trabajo. 
De repente llegó mi papá a ver a su nieta. 
Venía con las manos juntas, haciendo un hueco entre ellas. 
Le traía un regalo a la princesita.
Llegó donde estaba la niña y abrió las manos: entre ellas había una mariposa. 
¿A quién más se le habría ocurrido?
Le dio tiempo de mirarla de cerca, de posarla en sus manitos.
¿Cuántos niños han tomado una mariposa sin hacerle daño? 
¿Cuántos niños han tomado una mariposa?
Después la fue a dejar de vuelta al jardín.

domingo, 20 de septiembre de 2009

El día que dejé de escribir


Cuando era chica me gustaba escribir harto.
Por eso, escribí un diario desde los ocho años, más o menos. 
Ya mas grande, tenía un cuaderno bien artesanal, donde iba ensayando frases, poemas y todas esas cursilerías que a uno le gusta escribir y que después comparte con las amigas. Se podría decir que ese cuaderno fue para la época, mas o menos lo que esta página es hoy.  Aunque a los 17 años, todo lo que uno escribe es confidencial, y ahora, eso da un poco lo mismo.
Lo malo fue que un día, mi mamá leyó algo de lo que yo había escrito, y me lo hizo saber.  
Desde ese momento, la idea de que mis cosas no eran mías y de que mi privacidad en realidad era una ilusión óptica, me volvió loca. Tanto, que salí a la calle con la bolsa de basura más grande que encontré, donde iban todos mis escritos, fueran secretos o no.  Caminé varias cuadras con ella, hasta que, con el dolor de mi alma,  la tiré por ahí, en un basurero donde consideré que ya nadie podría leer lo que era mío.  Al menos nadie que me conociera.
Así fue que mis cosas llegaron a la basura.   
Ese día juré no volver a escribir mis intimidades, y lo cumplí a cabalidad (hasta ahora).
 

lunes, 14 de septiembre de 2009

Pluto y Coraje

Cuando tenía como cinco años, mi hermana mayor y yo recibimos sendos peluches para Navidad:  a mi me regalaron un perro café, blandito, de orejas caídas y patas lacias, ideal para dormir con el.  Mi hermana a su vez, recibió un oso de esos gigantes, duro, y en realidad era un cacho porque no servía ni para jugar, ni para dormir... sólo para tenerlo de adorno sobre la cama.
El caso es que ella no encontró nada mejor que apoderarse de mi perro, lo que en realidad no me importó demasiado porque probablemente estaba ocupada con otros regalos que en su minuto me parecieron mas entretenidos. 
De ahí en adelante siempre asumí que el perro era de ella aunque tenía claro que me lo habían regalado a mi.  
Haciendo gala de toda su originalidad mi querida hermana lo nombró "Pluto".  No sé cuánto la acompañó, me imagino que muchísimo, incluso la abuelita le tuvo que efectuar una compleja cirugía reconstructiva de la nariz, para corregir las huellas del tiempo.
Pasaron los años y a mi hermana le llegó al momento de  casarse, y por supuesto,  se llevó al  Pluto. Supongo que hasta hoy, lo tiene por ahí cerca de su cama.
Un día, llegó con un regalito para mi:  un perro de peluche, de orejas caídas y patas lacias.  También era ideal para dormir con él, su pelo suavecito, su color clarito...  estaba saldando esa vieja deuda:  me estaba devolviendo al "Pluto".  
Pero tal es mi destino, que en cuanto la Anto, mi hija, fue capaz de caminar, se apoderó de ése, mi segundo perro de peluche.  Más tarde, haciendo gala de toda su originalidad lo nombró "Coraje", como el perro cobarde. 
Ahora, a sus siete años, Coraje es el primero en la mochila a la hora de hacer equipaje.  No puede faltar.  Se lo tengo que buscar cada vez que se pierde.  En el día no juega con el, pero ella sabe que ahí está, disponible cuando lo necesite. Mas adelante seguramente va a mirarla escribir en su diario y cosas por el estilo.  Cuando se case se irá con ella y tal vez entonces, me  regale un perrito para saldar su deuda.
Seguramente ese tercer perrito me lo va a quitar mi nieta.

viernes, 28 de agosto de 2009

Para ti...

Ha pasado mucho tiempo desde que ya no estás. 
Para mi gusto, no fue suficiente lo que coincidimos en esta vida. No alcancé a conocerte bien.  Conocí a la abuelita, la mejor de todas, pero lamentablemente no alcancé a vislumbrar a la mujer que fuiste.  No haber nacido antes, para haber estado mas tiempo contigo.  
Todos los días pienso en ti y te extraño tanto, pero no lloro cada vez que te recuerdo o hablo de ti, porque tu mereces ser recordada con alegría, con admiración, con amor, celebrando todo lo que viviste y cómo lo viviste.  No con llanto ni con pena, eso no cuadra aquí.
  
Las tardes en el patio mientras cosías, tus recuerdos del campo, las onces con causeo en el verano, y a veces el pan con queso derretido en el sartén.  Ahora el queso en el microondas no queda ni la sombra de lo rico que te quedaba a ti.
...
Nos haces falta: desde que te fuiste, todo se desmorona de a poco.
¿Quién me va a enseñar a tejer esos visillos tan lindos que hacías a crochet?
Sé que estás conmigo, que me cuidas y me acompañas, y que cuidas de mis tres bebés. Creo que me acompañaste cuando el Yayito nació luego de un parto complicado, y que tu elevaste una solicitud formal a Dios para que tu bisnieta tuviera margaritas en la cara, como a ti te gustaba.  Me da pena que no los hayas conocido, que no nos diera el tiempo para tanto. Sin embargo, intuyo que igual los has venido a ver y de alguna manera sí los disfrutas.  Seguro eres tu la que juega con Santiago cuando le habla al aire, y eres tu ese angelito que invoco todas las noches al darles la bendición.
Abueli, alguien dijo que la muerte sólo viene con el olvido.  Si es así, siempre estarás viva.  Te quiero mucho. 
  

miércoles, 12 de agosto de 2009

Mi amiga Natalia


Cuando estaba en el colegio, por ahí por quinto básico tuve una amiga que se llamaba Natalia. Ella vivía a una cuadra de mi casa y eso nos acercó desde el primer momento. Eramos inseparables. Tanto, que teníamos exactamente los mismos gustos y aficiones. A esa edad uno tiende a mimetizarse con las amigas. Eramos tan pero tan nerds... que cuando a todo el mundo le gustaba Soda Stereo, nosotras estábamos recién descubriendo a los Beatles, negándonos a la modernidad... (Alguien me puede explicar eso por favor??)
Atravesamos la pubertad juntas, ayudándonos mutuamente a sortear los obstáculos del camino.
Recuerdo tardes enteras en su casa o en la biblioteca del colegio, llorando de la risa, los paseos al centro, al trabajo de su papá, los chocolates.
Eramos tan tontas, ridículas, cabras chicas... ¿Y a quién le importaba? Si estábamos en otra, concentradas en pasarlo bien.
Con todo eso, a estas alturas del partido deberíamos ser como hermanas, madrinas de los hijos de la otra, etc.
Sin embargo, algo pasó. No recuerdo un hecho concreto. No nos separó un hombre, ni otra amiga, ni un cambio de colegio como suele suceder. Su familia vive todavía en la misma casa, y yo, en la treintena, después de tres hijos, sigo siendo la misma cabra chica medio nerd (sólo basta escarbar un poquito).
Pero ella cambió. No lo sabría explicar pero cuando salimos de la pubertad ella había crecido en un sentido contrario al mío. Era otra persona.
El ir dándome cuenta paulatinamente de esto fue el proceso mas doloroso que había enfrentado hasta entonces. Recuerdo haber despertado un día con ese dolor en el corazón y entonces lo supe y lo asumí, no sin antes llorármelo todo. Qué raro. Nunca mas me pasó eso de tener una amiga-hermana.
Ahora solo sé de ella por Facebook. Sin embargo, cuando la busqué no la encontré.
Esa amiga de mis recuerdos, la Natalia, ya no existe.

lunes, 10 de agosto de 2009

La Kuki

Llegó a la casa donde yo vivía con mis papás hace muchos años. La criamos desde los 15 días, a punta de cariño y perseverancia, y patitos con leche sustituta perruna. Fuimos las mejores amigas, ella con su cara de loca y sus ojos medio desorbitados me acompañó en mis primeras divagaciones juveniles.
Nuestra amistad terminó abruptamente: primero se quebró la confianza cuando un día me mordió dejando una cicatriz de por vida, en la nariz y en el alma. Pero el quiebre definitivo vino cuando me casé: nunca mas me dirigió una mirada ni un gesto amable. Desde ese momento me despreció dejando claro que ella cortó conmigo para siempre: yo dejé de ser su ama el día que salí de la casa.
Con su forma de ser, en vez de sumar amigos se ha ido ganando enemigos, y hasta los demás perros de la casa la marginan o la molestan incesantemente, sin tener ningún respeto por sus canas, ni por la jerarquía que ella debería tener dentro del grupo.
A pesar de todo eso la quiero y tengo buenos recuerdos en los que ella está presente. Además aparece en el cuadro - collage de perritos queridos que tengo en un muro de mi casa.
Hoy supe que la Kuki tiene cáncer y que pronto nos va a dejar. Lamentablemente no hay nada que hacer por ella y será necesario ayudarla a descansar.
Linda perrita. No estarás sola en ese momento crucial en que cierres tus ojitos. Te acompañaremos y te acariciaremos hasta que te vayas y después, no te olvidaremos.